Funesto resultado

Disclaimer: Pucca pertenece a Boo Kyoung Kim

Ching se acercó con cautela a la habitación de Pucca. Golpeó la puerta de su habitación con mucho cuidado pues temía que los ruidos fuertes pudieran sobresaltar a su amiga. Esperó a que ella autorizara su entrada o le respondiera algo, pero no fue así y ella no pudo evitar pensar lo peor.

Pucca había estado encerrada en su habitación durante días y durante ese tiempo se había negado a comer. Los chefs habían hecho de todo para animarla, pero nada parecía funcionar. Probaron con darle su espacio con la esperanza de que ella saliera cuando estuviera lista, pero después del cuarto día notaron que no había dado seal alguna de mejorar.

Probaron con prepararle su comida favorita, pero todo lo que lograron fue que llorara con más fuerza y que se encerrara en su habitación. Todos en la aldea habían querido visitarla y a todos los había expulsado de la misma manera. Parecía que ya no quedaba nada de la joven alegre y amable a la que todos amaban.

Ching no quiso esperar más y entró a la habitación de Pucca. Al principio verla jugar con un peluche de Garu hizo que se sintiera más tranquila, idea que descartó al notar lo vacío de su mirada y la condición en la que se encontraba. Quiso quitarle el peluche, pero en cuanto se acercó fue empujada con fuerza.

Chocó contra la pared. Ching estaba adolorida, pero feliz por la rápida reacción de Pucca. Verla tan pálida había hecho que temiera por su salud, pero después de corroborar que seguía manteniendo su fuerza se dijo que su situación no debía ser tan mala como parecía.

Había perdido a un amigo recientemente y, aunque el dolor seguía allí, tan intenso como el primer día, sabía que no podía dejarse caer. Su amigo miga la necesitaba más que nunca y debía ser fuerte, por ella y por Pucca.

—Pucca, soy yo, Ching.

Pucca no respondió, únicamente levantó el rostro y la vio con esos ojos enmarcados por unas ojeras y enrojecidos de tanto llorar. Como ella no solía hablar Ching no estaba segura de si estaba o no recuperándose. El tiempo tan inestable que azotaba a la aldea le decían que todo seguía igual de mal.

—Vamos por fideos?

Pucca sealó al peluche y Ching no supo qué responder. Tardó varios minutos en entender lo que quería decir y, aunque la horrorizó, decidió que lo mejor para su amiga y para todos en general era seguirme la corriente.

—Garu también puede venir con nosotras.

Pucca se levantó un poco más animada y corrió al restaurante con el peluche fuertemente aferrado entre sus brazos. Lo vio colocarlo en una de las mesas e incluso alimentarlo. Ching estaba segura de que Pucca se había convencido a sí misma de que ese peluche era Garu para poder sobrellevar el dolor de la pérdida y la forma en que el tiempo mejoraba hacía que sus sospechas aumentaran.

Linguini le sirvió a su sobrina un gran tazón de fideos, uno del doble de los que solían servir. l y sus hermanos no pudieron contener el llanto al ver a la joven comer. Era tal la felicidad que sentían que omitieron el hecho de que estaba alimentando a un peluche sin vida. Los tres consideraban que era mejor verla así antes que lamentándose y culpando por la muerte de Garu.

Nadie la había culpado, ni intentó poner cargos en su contra. Garu había tropezado durante una de las acostumbradas persecuciones de Pucca y golpeado el cuello. Tan mala fue su suerte que el golpe resultó ser letal. Nadie culpó a Pucca, pero eso no evitó que ella se sintiera responsable de lo ocurrido y que se castigara a sí misma encerrándose en su habitación.

Muchos intentaron convencerla de que siguiera adelante, pero se negó a escucharlos. Incluso había llegado a intentar quitarse la vida, pero sus tíos la detuvieron. Ninguno estaba conforme con que creyera que Garu era el peluche que llevaba a todos lados, pero preferían eso antes de verla otra vez ahogada por la depresión.